Hardy Chávez
Octubre 2025
El último trimestre de cada año se caracteriza por la preparación, confección y aprobación del presupuesto para el año siguiente y llega en medio de un escenario económico moderado, con un crecimiento acotado del PIB de 2,25 - 2,75 para el 2025 y de 1,75 – 2,75 para el 2026, tasas de interés aún altas en términos históricos y desafíos de competitividad.
Frente a este escenario, el presupuesto 2026 no puede limitarse a proyecciones numéricas, requiere de una revisión estratégica en profundidad y debe considerar la simulación de escenarios (optimista, conservador y de estrés) con el objetivo de asignar recursos con eficiencia y asegurar que cada peso invertido contribuya a alcanzar los objetivos estratégicos.
El presupuesto debe reflejar la estrategia en términos operacionales, lo que implica priorizar inversiones, definir mix de productos y/o servicios, gestionar el talento, incluir las presiones de sostenibilidad de los clientes, integrar la inteligencia artificial como herramienta competitiva y anticiparse a escenarios de incertidumbre.
Los directorios y gerencias deben considerar variables como la incorporación de tecnología en procesos críticos, el impacto regulatorio, el aumento del costo en personal y la necesidad de diseñar planes de sostenibilidad que respondan a la presión de inversionistas y clientes.
El llamado a los directorios y ejecutivos es claro: antes de confeccionar el presupuesto, se debe revisar la estrategia. Solo así se logrará que los números no sean un fin en sí mismos, sino el camino hacia organizaciones resilientes, modernas, capaces de crecer en un entorno en transformación y de satisfacción a sus stakeholders.
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